| Valldemossa
- Soller
Entre algarrobos, almendros y olivos, a 400 mts. de altura, se encuentra
ubicado el atractivo pueblo de Valldemossa. En un emplazamiento perfecto,
en forma de terraza, rodeado de montañas, con unas temperaturas
muy agradables. Elegido en todas las épocas como lugar de residencia
de personajes famosos, tales como el rey Don Sancho, Chopin, George Sand,
el Archiduque de Austria, Don Luis Salvador, los escritores Santiago Rusiñol,
Unamuno, Azorín, Ruben Darío, el político Antonio
Maura, etc. El más famoso monumento artístico de Valldemossa
es el Monasterio de la Real Cartuja de Jesús Nazareno, aunque toda
la villa merezca ser visitada por el encanto de sus calles y de sus callejuelas
que rodean la iglesia parroquial, de sus casas antiguas, en una de las
cuales conocida como Casa de la Beata, y según la tradición,
nació Santa Catalina Thomás, etc. Antes de adentrarnos en
la historia y en los maravillosos recuerdos que alberga la Cartuja, deleitémonos
con un paseo por sus jardines. La Cartuja fue un antiguo palacio, en donde
el rey Don Sancho, enfermo de asma, residió grandes temporadas ya
que la altitud del lugar era beneficiosa para la cura de su enfermedad.
En el año 1399 se hicieron celdas que se convirtieron en hospedajes
de ilustres visitantes, como el compositor y pianista Federico Chopin y
su amante, la escritora Aurora Dupin, conocida por el seudónimo
de George Sand. Ambos permanecieron en las celdas 2 y 4 durante el invierno
de 1838-39. Inspirados por su estancia en la isla, George Sand escribió
la obra "Un invierno en Mallorca", donde muestra su entusiasmo por la belleza
del paisaje, y el músico polaco compuso algunos de sus más
delicados preludios y nocturnos.
Al referirnos a Sóller debemos calificarla como "la ciudad de
los naranjos" ya que, se halla emplazada en un tupido valle donde los naranjos
crecen por doquier. Sóller destaca por la pulcritud de sus calles
y de sus casas amplias y confortables, por la amabilidad de sus gentes,
por la exuberancia de sus jardínes privados. Gracias al esfuerzo
de sus habitantes, ha sabido moldearse una personalidad y carácter
propios que la diferencian y distinguen del resto de las poblaciones isleñas.
Nos sorprenderá ver el pintoresco tren que, atravesando el valle,
enlaza Sóller con la capital. Hoy olvidadas ya las amenazas y los
peligros de la piratería, las villas se han abierto al mar y sus
puertos han adquirido una gran vitalidad. Vivo ejemplo de ello, lo constituye
el hecho de que Sóller se ha unido a su puerto a través de
un curioso tranvía que discurre por los 5 Kms. que los separan.
Pregunte en recepción
|